Se parte de la necesidad de respetar los ritmos y características personales de cada niño y niña y de la importancia de crear un deseo por el mundo de la cultura que tenga significado para él o ella. Para ello se concibe el aula como un espacio en continua estructuración, dando lugar a aprendizajes de todo tipo: de toma de decisiones, sentimientos, respeto, enfrentamientos, cariños, sueños, etc.
En este sentido, se trabajan tres elementos metodológicos que propician en la práctica un aprendizaje desde concepciones culturalistas: un tiempo de actividades libres en el que se desarrolla la autonomía, la responsabilidad, la voluntad y el deseo porque el alumnado decide qué hacer, cuándo, con quien y para qué; una organización del aula con espacios diferenciados: rincones, talleres, bibliotecas, etc.; y actividades globales vivenciales, en torno a proyectos de trabajos como "El huerto escolar", "La charca", poesías como "La araña", Teatros como "Pepillo cepillo"; libros del cuerpo y del alma, etc.
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